lunes, 23 de julio de 2012

Me compró... un cuenco

La tarde invitaba al paseo, seguramente como todas las del verano cuando caido el astro rey el mercurio va cediendo en s deambular antigravitatorio y el cerebro de cada uno pasa en un estado de "alarma" a uno de "por fin... respiramos". Sin duda era un momento idóneo para aventurarse a acometer la calle que encontraba cada jornada al salir d emi casa. Allí estaba, ríos y ríos de cemento y alquitrán diciendo "atraviesame" o si se quiere en tono menos dramática"recórreme" y nopude por menos, siendo qu esoy persona amiga de agradar a todos que seguir tan sabio consejo. Finalmente, ante un escáparate lleno de espelndorosas cosas traidas de no se sabe que lugares del mundo, en una tienda por más señas d eombre "salom"... lo vi.
Ciertamente no hacía nada, no decía nada, solo estaba ahí, en su sencillez de mecanimos, hueco, metálico, de color parduzco po rno decir marrón, brillando entre todo los demás objetos, unos más grandes y otros, l amayoría infinitamente más reducidos en su propoción, no sabemos si aurea.. Sencillamente estaba ahí, reluciendo su belleza física y estética de entre todos los objetos como si tuviera alguna predilección po rhacerme entrar a un comercio en el que, otro tiempo hubiera jurado no existía aun cuando ya llevase  más de veinte años ahí dispensando semejantes artilugios. Así pues... entre dudas y miedos, riesgos y temores, me armé con la inquietud d eun niño al qu el egusta un pastel y tiene miedo d eque si se lo coman le castiguen y entré presuroso antes de qu eel miedo fuera mayor qu emi propia curiosidad... emoción, intensa, nevios, d enovio, miedos... todos... yo quería ver aquello y vino una apuesta y elegando joven, morena, como lo son las grandes maestras de pelo largo y rizado, onculado y libre al viento. Azabachescos ojos luminosos entre la negrez dde sus pupilas...

-  buenas tardes
- sí lo son...
- ¿Querías algo...? - pregunta obvia y claramente respondida con el gesto simle de entrar en un sitio con puerta y cancela
- he visto ahí qu eteneis ... instrumentos musicales antiguos
- ah sí psa al fondo  - al fondo, como las grandes Magas escondían los mejores tesoros en los lugares más recónditos y ahí me dispuse ucual aventurero nuevamente a adentrarme en la cueva de aquella buena hacedora de luz y sonido...  y al final del túnel, claro está, otra hermosa joven con sonrisa tan brillantes como negros eran su sojos me andaba esperando


- me han dicho que  querías ver instrumetnos
- sí, ese concretamente - finalmente el momento había llegado, fu euna búsqueda arqueológica sin precedentes en la biografía de este explorador y ahí lo ví, al fin en mis manos, y ano era una ilusi´n al otro lado del cristal, sino sencillamente, una realidad puesta en mis manos... cogí la baqueta, y lo hice sonar, suave como temerosos de su fragilidad, y enseguida noté como un embrujo,  un "algo" qu eme decía "dale más fuerte, o se rompe" "dame más, quiero re-sonar ma´s más más" y lo fui haciendo sonar hasta qu ecomprendí qu eaqello se había quedado pegado literalmente a mi mano, y ano sabía si ese instrumento estaba en mi mano o más bien fuera yo el que estuviese a sus ies... sintiendo l aresonancia desde la parte del filo hasta la base, desde el interior hasta el otro lado d emi cuerpo, sonido profundo, limpio, hermosos y sanador qu et e transporta a otro sitio, no se donde, ni tal vez creo qu eimporte... sencillamente era aquél el sondio qu eme andaba buscando, que me embrujaba y qu eme lamaba hacía tantotiempo y acsi olvidado... Gongggggggggggggggggggggggggggg sonaba potente pero dulce al mismo tiempo como un pastel que nunca empacha por mucho que comas y nunca sienta mal aunque lleves dos kilos  comidos... gonggggggggggggg otra vez, y el susurro en el roce... mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm mágica musa de sonidos y músicas...
La mujer extrañada intentaba explicarme cómo hacerlo sonar y yo no quería hacerlo sonar quería sentir su sonido... sí, definitivamente lo comprendió con tan solo mirarme a la cara por un instante, imagio que la luz delsondio hizo qu emi  cuero metamorfoseáse casi y fuera cada más más luminoso tal vez por unos instantes. Era él, sin duda, me sentí totalmente seducido, atraido, conquistado, enamorado, imnotizado y completamente entregado alo que en otro tiempo y otro momento sería una locura pues ¿a quien l edigo qu emeh eenamorado del sondio de ... un cuenco tibetano? ciertamente a alguien que comprenda estas circunstancias.
- me lo llevo - le dije presursamente- bueno, quiero decir qu elo compro vaya...
Y aí salimos los dos, dichosos como dos novios recién casados en plena com-uni´ón de vida y de dicha, de alegría y felicidad. un cuenco finalmente me había comprado a  miy para seducirme solo tuvo que ... sonar y permitidme la dicha de oir su re-sonancia... ¡qué suerte la mía!!!


1 comentario:

Alma Fernanda Serrano dijo...

¡Pero que historia tan cálida y sincera! Yo a penas sé tocar la flauta, así que una clasesitas no me caerían nada mal, ¡jaja! ¡Un saludo!