viernes, 5 de julio de 2013

Verano verano...

Amanecí un día más con el sudor cubriendo todo mi ser. El sol, ese amigo infinito de la humanidad y de toda vida en moderación y ponderación entraba presuroso por la ventana de mi cuarto indicándome que llegar puntual o tarde al trabajo era cuestión mí apero decírmelo tal vez era una cuestión de luz y ahí estaba él, en silencio, sin decir nada, como un ángel que vela por tí sin decirte nada pues te deja ser libre de acción y de pensamiento.
Como es menester cuando llega un jueves en la mañana, la pesadez del cuerpo y el tedio de la mañana indica  a tu ego que, en la cama tal vez sea el sitio más  gratificante apara estar a la hora que, el impertérrito  Chronos me indica en mi mesilla: 6.05 AM. lo cual me da opción de quedarme con sus consecuencias y sencillame tirarme... al suelo dispuesto a que mi cuerpo luche nuevamente con la gravedad terrestre en pos d euna verticalidad que dicen tener miles de ventajas pero que nadie menciona sus inconvenientes.
Así pues, tras la injesta de café, tostadas, ropa limpia, medio despejado con la ducha previa  a a la ropa, salí a la calle y entonces algo me paró... fue como un abrazo de sensaciones... la luz era más potente, no más fuerte, pero sí más nítida, era una luminosidad que el día anterior en aquella misma puerta en aquella misma hora no estaba así. Un resplandor que te hace abrir los ojos, que te ilumina el corazón que te da una sensación nueva de vitalidad y de alegría de vivir... era luz en estado puro... al mismo tiempo aquél olor a tierra seca, flores  que reventaban de color y de belleza... arboles repletos de pajarillos cantores ensalzando en himno de la vida... sonidos de viento entre el follaje y el ramaje de los árboles mezclado con trinos de cientos de especies cantando en tonos mayores, alegres joviales... Aquel olor te hacía casi degustar la vida, sensaciones de gusto de sabrosura por sentir la vida emergiendo entre todo cuanto te rodea... y mientras algo, alguien, no sé, te acaricia suavemente como te acaricia un ser etéreo y mágico como si alguien te hablará desde más allá del velo de Isis... y todo en un solo instante...

Aquello fue tal vez un instante... o, quizás fue toda mi vida pues es justo en esos momentos de consciencia cuando uno realemtne se siente más vivo consigo mismo y descubre la grandeza de sentirse vivo, de estar vivo, de ser uno con el fluir y el devenir de la vida... Sin duda, era el momento, costó lucha, sudores, esfuerzos matutinos de las 6.00 AM, pero el verano había venido con su luz, su color, su sabor, su tacto... era la magia de la vida al 1.000% la maquinaria de vida y felicidad fluyendo a velocidades de vértigo, es cierto, tal vez cuando llegue enero se parará pero eso será otro día, hoy es 

verano verano....


Rafael Castro Martín
Lince Apache

4 comentarios:

Anguansmith Smith dijo...

Precioso... Confieso que nunca vi el verano a si!! Gracias, besos :)

jose dijo...

Soy más de un verano de hamaquita, cervecita y ración de mejillones; pero ese despertar bucólico a las seis de la mañana rodeado de pajaritos, mola. Claro que a esas horas no me hallo despierto salvo porque se me haya alargado la noche entre trago y trago de chiringuito playero.

Pero usted persevere maestro y siga haciéndonos disfrutar con sus letras e historias. Un abrazo.

Raúl San Nicolás dijo...

Preciosa descripción de las sensaciones que trae el verano consigo. Creo que todos las hemos vivido muchas veces, quizás con otras palabras pero el mismo sentimiento de admiración ante el mundo y la vida. Y muy realista la lucha a las 6:05 AM entre quedarte en la cama o lograr alcanzar la tan laureada verticalidad. A mi me puede la posición paralela al suelo, más aún arrullado a quien quiero si comparte cama conmigo.

Rafael Castro martin dijo...

querido poeta... bien sabe usted que sea de trago en trago o al despertar con el ring de un despertador... cuando amanece todo es distinto, gracias por el comentario