miércoles, 22 de febrero de 2012

historias de don Leonardo 3

Hay momentos únicos y realmente divertidos en la historia que, a  mi edad, recordarlo nos hace rejuvenecer pues, es sabido que la risa y la felicidad alarga la vida porque mejora la calidad de vida.

Un día, andando por las calles de mi querida ciudad, entres mis pensamientos locos y estresantes la mayoría de las veces, cabía siempre la posibilidad de un aire fresco y juvenil como podía ser la voz de un niño jugando, cantando o, como en este momento cómico y divertido que ahora recuerdo, hablando con su madre a la salida de la escuela sentidos en el parque en la sana hora de la merienda. Ese era un momento mágico, en el que hoy ya el desarrollo también ha conseguido perder, donde las madres, las verdaderas matriarcas de casi todas las sociedades punteras hoy en días y lamentablemente con un matriarcado encubierto. Aquél era el momento del reencuentro con su poder en la delegación correspondiente de sus hijos, aun cuando este fuera uno. Era un momento en el que el niño volvía a ser hijo y dejaba de ser alumno donde no había la figura de un profesor sino la de una madre y donde la actividad laboral infantil, llamada estudio, si bien mermaba mucho, pasaba a ser mucho más edulcorada y liviana.

Aquél era un niño que no legaría a los diez años y raramente tendría menos de seis, así pues una edad fantástica donde el mundo todavía sigue siendo un gran enigma a descubrir y las ganas de ir aprendiendo no han mermado merced al trabajo y el esfuerzo de la docencia y el aprendizaje. Lo veía corretear y entre bocado y bocado de su merienda le daba todavía oportunidad a una pelota jugando con otros amigos, perseguía a las palomas que venían a limpiar el parque de migas y otros elementos alimenticios buenos y nutritivos e incluso tenía tiempo de hablar con su madre todo en una misma unidad de acto. Sin duda el bueno de Rubén, se fijó en esto cuando dijo aquello d e"juventud, divino tesoro".

Por supuesto escuché de forma accidental ya que, la vitalidad infantil y pueril del niño le permitía emitir una voz aguda de altos agudos y casi inexistentes graves con lo que aquella voz entraba con entra un rayo láser en una sala completamente oscura iluminando cuanto se encontraba en su radio de acción que era mucho ciertamente.

- Jaime - gritaba su madre intentando imponer autoridad firme donde solo hay pura fluidez de vida - ven a po rla merienda. Finalmente, el niño doblegaba a su santa voluntad y accedía - ¿Qué has aprendido hoy?
- Que para estudiar y tener una farmacia hay que llamarse Leonardo

Al oír mi nombre y siendo que no era esa mi especialidad la curiosidad surgió súbitamente po rlo qu ela agudeza se hizo más intensa

- ¿ Y eso...? - preguntaba la madre con tanta curiosidad como yo si no era más y deseosa de comprender aquél pensamiento tan... curioso como poco - ¿Quién te lo ha dicho' o ¿De dónde has sacado esa conclusión?
- yo... - mordía y volvía a salir cual cohete en busca de su objetivo en un balón, un tobogán o cualquier otra cosa
- Ven aquí, espera, cuéntame eso que me has dejado intrigada - a ella y a mí y a buen seguro que a otros muchos colindantes que ibamos en nuestro paseo vespertino. - ¿Por qué dices semejante cosa? yo tengo un amigo que se llama Juan Carlos y tiene una farmacia
- Pues no puede
- ¿Por qué?
- fíjate lo pone en todas las puertas de las farmacias
- El qué pone?
- mira - y el niño enseñaba una puerta con su cruz verde en un alto luminoso donde ponía en letras de bronce altas y claras como un cristal

"LDO Gómez Lucas"

- En todas las farmacias pone LDO y luego los apellidos luego pone Leonardo, así qu epara ser y tener una farmacia hay que llamarse LDO osea, Leonardo- y volvió a salir corriendo, afortunadamente pues así no vió la cantidad enorme de cuantos estábamos oyendo y que en aquél momento no pudimos disimular esbozando risa, sonrisa e incluso, los menos discretos grandiosa carcajada.

Así pues, si tienen un amigo poseedor de una farmacia, esto es farmacéutico y tiene por nombre Leonardo... o se cambia de nombre en el registro civil, o cambia de profesión... Afortunadamente, o po rdesgracia, pues nunca se sabe, aprendió abreviaturas con el tiempo y aquél Leonardo pasó a estudiar una carrera y llegó a Ser Licenciado con lo que  la magia del farmacéutico de único nombre se desvaneció como muchos medicamentos se disuelven en un vaso de agua.

Sin duda en aquella ocasión, aquella tarde fue mucho más suave y  ligera de llevar gracias no al farmaceutico, sino al Leonardo que trabajaba en aquella farmacia... del humor.

2 comentarios:

MIMIL dijo...

Hola súper bonito todo lo que dices.... No puedo entender como se le puede permitir a un niño tenga la edad que tenga a perseguir a las palomas... Mi hija de 3 años lo tiene totalmente prohibido... E ingenioso el niño... Yo con mis hijos me asombro muchísimo... Muackkkk

re-sonando dijo...

gracias mimil, yo no prohibiría pues los que encorren palomas de niños acaban adorándolas, los que se los prohiben acaban siendo cazadores que las odian, en cualquier caso gracias por el comentario... la anécdota es rigurosamente verídica, la he vivido en mi propia carne jajaja